ABRAZOS PROFUNDOS

El papá de los abrazos es el propio. Los abrazos de otros jamás serán abrazos completos si no somos conscientes de lo importante que es abrazarnos a nosotros mismos primero, y hacerlo con frecuencia.

Hay muchas formas de hacerlo: agradecer cada día, sentir las emociones que lleguen, encontrar micromomentos de conexión, disfrutar las pequeñas cosas, aprender a estar en presente.

Además, es enriquecedor mostrarle a la mente que es posible abrazarlo todo. Abrazar lo que ella clasifica como agradable, y abrazar también lo que clasifica como molesto. Abrazar lo doloroso, y al mismo tiempo lo más hermoso.

Contarle que los abrazos diluyen el sufrimiento y aumentan la paz, fortalecen la armonía y potencializan la tranquilidad.

El abrazo se alimenta de un estado que se llama amor, y esa realidad está ubicada en el interior de cada ser humano, por ende, es incondicional y puede ser aplicada a cualquier realidad.

Independientemente de lo que estés viviendo, fortalece tu capacidad de abrazar y aprovecha esta época para dedicarte a recibir y respirar cada emoción y situación que te visite.

Al final, siempre todo quedará en su lugar y haber adoptado una actitud de abrazo permitirá que las cosas se muevan con mayor fluidez y naturalidad.

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